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Síntesis de la vida de San Jerónimo.
En el dilatado campo de los escritos de San Jerónimo es imposible encontrar, porque no la hay, una autobiografía propiamente dicha, es decir un relato sucesivo, continuo y ordenado de todos los hechos y circunstancias de su vida. Son tan abundantes, no obstante, las noticias autobiográficas reflejadas en sus cartas y esparcidas, aquí y allá, a lo largo de su obra, que solamente con ellos resulta posible la elaboración de todo su itinerario histórico, pese a la distancia entre su época y la nuestra.
Familia. De su infancia tenemos escasas noticias. Desconocemos el nombre de su madre. Sabemos que Eusebio era el padre y Pauliniano su hermano menor. Una hermana suya también de nombre ignorado no fué en su juventud, tan virtuosa y sensata como debiera, a pesar de que sus padres fueron siempre fervorosos cristianos. No obstante, también acabó abrazando la vida monástica, así como Pauliniano. Jerónimo evoca con sumo afecto el recuerdo de su abuela, así como sus travesuras y juegos con los esclavos de casa en los días festivos y los muchos ratos divertidos y gratos pasados, desde la infancia con su buen amigo Bonoso.
Fecha y Lugar de Nacimiento. Nada sabemos del día ni mes de su nacimiento y en cuanto al año concreto, no hay acuerdo definitvo entre los biógrafos. S. Jerónimo nunca escribió sobre esto. Para San Próspero de Aquitania y otros muchos autores de los siglos siguientes, nació el año 331. Para Cavallera y numerosos biógrafos modernos, es el 347 el año con más probabilidades. Otros dicen que la fecha de nacimiento fué en los primeros años del decenio 340-350. En relación con el lugar de nacimiento, S. Jerónimo dice que nació "en la ciudad fortificada de Estridón, situada en los confines de Dalmacia y Panonia". entonces provincias romanas, pertenecientes a la actual ex-Yugoslavia. Fué arrasada por los Godos hacia el año 376.
Estudiante en Roma. Terminada en Estridón su enseñanza primaria, su padre decidió enviarlo a Roma a continuar sus estudios. Esto ocurría hacia el año 360, cuando Jerónimo tenía unos doce o trece años, edad en que los jovencitos con posibilidades solían comenzar con el estudio de la gramática, una especie de enseñanza secundaria. Gobernaba entonces la Iglesia el Papa Liberio y Roma pertenecía a la jurisdicción del emperador Constancio II, uno de los hijos de Constantino. Estudiaban los grandes clásicos latinos como Ovidio, Marcial, Lucano, el historiador Tito Livio y sobre todo Virgilio, Terencio, Horacio, Salustio y Cicerón. Hacia los 17 años empezó a recibir lecciones de Retórica. Aprendió también en este tiempo algo de filosofía y griego. Ni su dedicación a los estudios de gramática y retórica ni sus relaciones con personas de toda índole en Roma fueron capaces de hacerle olvidar las ideas cristianas que, desde muy pequeño, le habían inculcado sus padres. Por sus escritos sabemos que sus mejores amigos de esta época estudiantil se llamaban Pammaquio Bonoso, Rufino y Heliodoro. Fué en esta época cuando quiso recibir y recibió el bautismo. Escribirá mas tarde que él se sentía Romano por varias razones, pero sobre todo por haber recibido el bautismo junto a la cátedra de Roma.
Marchó luego a Tráveris, la Ciudad imperial, y allí se dejó seducir por el ideal monástico oriental, que estaba en auge por ese entonces. Empleó sus ratos libres en copiasr las obras de S. Hilario de Poitiers. Regresó a su Patria Estridón, el año 370, en compañía de Bonoso. Al poco tiempo se marcha a Aquilea. Durante algún tiempo se siente feliz viviendo con un grupo de clérigos afables, cultos y virtuosos: Rufino, Bonoso, Eusebio, Jovino y Cromacio futuro obispo de la ciudad. Esta dicha terminó en riñas, provocadas entre otras cosas, por la lengua afilada del jóven aceta Jerónimo. Estas diferencias fueron, para él y para Rufino, ocasión de una piadosa peregrinación al oriente monástico. Durante un período de mortificación en el llamado desierto de Calcis, aprovecha la presencia de un Judío convertido para aprender hebreo. En este desierto, Jerónimo, en una célebre "visión", se dejó azotar ante el tribunal de Cristo por seguir siendo ciceroniano más que cristiano.
No obstante los encedidos elogios con que invita a sus amigos a venir al desierto, este noviciado de ermitaño no llega a dos años 375-377, agitados además por controversias con los monjes del lugar. El eremita fracasado, al salir del desierto, toma el camino de Antioquía. Su buen amigo Evaglio le anima a reconocer la plena legitimidad de Paulino en la sede episcopal de Antioquía y a que reciba el sacerdocio. Después de pensarlo, Jerónimo reconoce la autoridad de Paulino y recibe de sus manos el sacerdocio, a condición de que el trabajo ministerial no perjudique su dedicación a la vida monástica. Hacia el año 380, Paulino hubo de trasladarse a Constantinopla dedicado a reflexionar, escribir y estudiar a la sombra de este gran maestro. Hacia Agosto del 382 viaja a Roma en compañía de los santos Paulino y Epifanio, Obispos respectivamente de Antioquía de Siria y de Salamina, Chipre. Acuden invitados por el Papa Dámaso a un concilio general. Las acertadas intervenciones de Jerónimo en este Conciclio inclinaron al Papa a reafirmarle su amistad y a ofrecerle el honor y la responsabilidad de ser su secretario de confianza.
El Papa Dámaso se sirvió de él para consultarle sobre diferentes temas bíblicos. Es entonces cuando le encomienda la revisión de la Biblia Latina. Así S. Jerónimo, empieza su monumental obra de traducir de las lenguas originales hebreo, arameo y griego de las Sagradas Escrituras al latín, trabajo que culminará en Belén. Su cargo de secretario y confidente del Papa, no le impedirá extender su apostolado a las terulias de la aristocracia femenina en casa de las viudas Marcela y Paula, madre de Eustaquia. Madre e hija lo seguirán después hasta Belén. Se creía que a la muerte del Papa Dámaso, su sucesor sería S. Jerónimo. Pero el añ0 384 fué elegido Papa Siricio.
La atmósfera cambia, y Jerónimo en el verano siguiente sacude el polvo de sus sandalias contra la cuidad hostil y contra el “senado de los fariseos”, que se atreven a sembrar calumnias sobre sus amistades femeninas. Es su definitivo adiós a Roma en vida, ya que años más tarde volverían sus santos restos mortales a descansar y ser venerados en la Ciudad Eterna. Al dejar Roma, lo acompañan un grupo de monjes y amigos así como Paula y su hija Eustaquia, con las cuales realiza un viaje por todos los lugares santos de Palestina y Egipto. Doce meses dura este recorrido.
Regresan a Belén que es su etapa final. En un primer momento, las comunidades, masculina y femenina, se instalan provisionalmente en locales inapropiados para realizar su proyectada vida monástica. Tres años después finaliza la construcción de tres edificios bien planeados, todos pagados con el dinero de Paula. Para los hombres, en las cercanías de la población. Otro, junto a la Basílica de la Natividad, para Paula y sus compañeras. Un tercero, levantado en la calle principal, sería la hospedería de peregrinos. Jerónimo ve colmados en Belén sus viejos deseos de vida monástica. Liberado de toda preocupación económica gracias a la generosidad de Paula y totalmente desligado de compromisos, puede emplear su tiempo en la forma que más le agrade al Señor. Sus ocupaciones van a ser mortificar su cuerpo y hacer larga oración, atender sin agobios a los peregrinos, enseñar los autores clásicos y catequisar a cuantos jóvenes acudan al monasterio. La mayor parte de su quehacer diario será meditar, estudiar y escribir o dictar cartas de cultura o de espiritualidad, vibrantes y documentados tratados apologéticos, algo de historia eclesiástica, unos cuantos trabajos de tema monástico y, mucho más meritorio que nada, traducciones y comentarios de la Biblia. Inculcó a todos la ley del trabajo, no sólo en sus escritos, sino también con el ejemplo de su vida.
Postuniano, después de haber vivido con Jerónimo en Belén durante seis meses escribe: "Siempre se le encuentra dedicado a la lectura, siempre sumergido en los libros: no descansa ni de noche; constantemente lee o escribe". Su actividad en Belén impresionante por su calidad y cantidad, que en los primeros años, casi siempre estuvo sazonada de gozo, y más tarde, jalonada por los recelos, la incomprensión y la ira de sus contemporáneos.
Físicamente ¿Cómo era San Jerónimo?
Sigüenza uno de sus biógrafos dice que era: "Flaco, deshecho, tostado, enjuto, sin color, un hombre de solos huesos, la cabellera sin orden, los ojos hundidos, los lagrimales, abrasados de la contínua corrida del humor ardiente que se destilaba por ellos; el hábito pobre, remendado, áspero: todo él parecía un retrato de Elías o Juan Bautista o Antonio; en el habla, en la compostura, en el meneo, daba olor de ermitaño asperísimo, de monje lleno de perfección y de un hombre verdaderamente crucificado al mundo y transformado en Jesucristo".
Y ¿Su Caracter?
Un estudioso de los Santos Padres, Berthold Altaner dice: "Fue fogoso y violento, áspero y mordaz y a veces hasta ofensivo en la polémica; no obstante la convicción que tenía de su superioridad, fue sensible a las alabanzas que le tributaban y, cuando estaba en juego su persona, era pronto en reaccionar. Cierto que juzgaremos con mayor indulgencia muchas de sus chocantes invectivas, si tenemos en cuenta que este Padre imitaba famosos modelos literarios (Cicerón). Estos errores y estas debilidades desaparecen ante su noble entusiasmo por la Iglesia y la ciencia; además, a pesar del impulso irresistible que sentía por la literatura y la ciencia, supo luchar con arduos y tenaces esfuerzos por implantar en su vida el ideal monástico de la perfección.
En el curso de los años transcurridos en Belén, la lectura y estudio de la Biblia ocuparon siempre un lugar de preferencia en el quehacer cotidiano de Paula y sus compañeras, de Jerónimo y sus monjes, entre los que deben ser mencionados su hermano Pauliniano, Vicencio, Lupiano, Valeriano, y Eusebio de Cremona, que sería nombrado por Jerónimo sucesor suyo. Llegaron a formar una gran familia donde abundaba el amor a Dios y donde compartían juntos gozos y sufrimientos.
El 26 de Enero del año 404 muere Paula, la santa y fiel cofundadora. Fue un duro golpe para Jerónimo. Durante algún tiempo no tuvo fuerzas ni para continuar aquella su gran pasión que venía siendo su labor eucarística. Se consuela traduciendo obras monásticas. El 405 termina la traducción de la Biblia hebrea y emprende una serie de amplios comentarios de los profetas. La caída de Roma en poder de los bárbaros el 24 de Agosto del 410 afecta grandemente al santo, que veía decrecer sus fuerzas y a sus amigos precederle en el sepulcro.
El 414 se pronuncia contra Pelagio, hereje que negaba la necesidad de la gracia de Dios y que el pecado de Adán se hubiese transmitido a sus descendientes. El 416, una banda de terroristas pelagianos se venga incendiando los monasterios de Jerónimo. El Concilio de Antioquía del 417 logra alejar al hereje. Tras la muerte del Obispo Juán de Jerusalén, con quien había tenido muchos problemas, y la de Eustaquia, hija de la Santa Paula, que también le afectó muchísimo, Jerónimo fallece el 30 de Septiembre del año 419, dejando inacabado el comentario de Jeremías, el último del ciclo de los profetas.
Himno a San Jerónimo
1. El mundo vió nacer un gran santo Jerónimo de Estridón. La Biblia fué para él su oficio,su inspiración.
San Jerónimo padre y doctor, tu vida nos acerca al Señor. San Jerónimo santo inmortal, intercede por tu comunidad.
2. Consagrado sacerdote vivió y murió en Belén. Una vida sin mancha entregada a propagar la Escritura Sagrada. San Jerónimo... 3. Traducir la palabra Divina de frases santas en obras de amor. Es la herencia que hoy nos deja San Jerónimo de Estridón. San Jerónimo... 4. Comprendió la misericordia del infinito amor. Decidió con entereza buscar la perfección. San Jerónimo... 5. Sé nuestro guía al cielo juntos queremos llegar. Caminar contra corriente forjar familias valientes. San Jerónimo...
Ahora ya puedes escuchar el himno en linea
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